top of page

FemPower: el abrazo que sanó mi historia.

Hay heridas que no sangran, pero duelen.


Heridas que no se ven, pero moldean la forma en que nos relacionamos con el mundo, con los demás… y con nosotras mismas.


Durante mucho tiempo, cargué con una de esas heridas, una tan silenciosa como devastadora; desde que era apenas una niña con sueños gigantes y un corazón aún más grande, la vida me enseñó erróneamente a creer que las personas que quería y admiraba estaban destinadas a decepcionarme. Crecí sintiéndome constantemente invalidada.


Recuerdo cómo en la Tecnoacademia,  ese espacio donde empezaba a florecer mi amor por la ciencia, la ingeniería y el conocimiento, ya me decían que no podría con la ingeniería. Que era una mujer "demasiado sensible", como si la sensibilidad y la ciencia fueran enemigas. Como si ser mujer y ser brillante en tecnología fueran mutuamente excluyentes.

Palabras pequeñas, sí. Pero como semillas de duda, fueron creciendo dentro de mí. Y sin darme cuenta, comencé a asociar mi sensibilidad con un defecto, mi feminidad con una debilidad, mi vulnerabilidad con una amenaza... esa narrativa no terminó allí.


En la universidad, se reafirmó. A medida que comencé a trabajar de la mano de personas con doctorados y posdoctorados, me enfrenté a un tipo de violencia más sutil, pero igual de hiriente: el silenciamiento. Minimizaron mis logros, cuestionaron mi capacidad, y muchas veces sentí que no importaba cuánto me esforzara o cuánto lograra, para algunos nunca sería suficiente.

Había algo en mi autenticidad, en mi historia, en mis sueños gigantes, que les incomodaba. Tal vez porque no entendían cómo una mujer como yo —sensible, creativa, apasionada, nacida en una comunidad vulnerable— se atrevía a brillar.

Esa sensación de no ser bienvenida en los espacios que yo misma me había ganado me hizo mucho daño.

Llegué al punto de sentirme culpable cada vez que aparecía en un medio de comunicación. Cuando se anunciaban buenas noticias sobre mí, lo primero que sentía no era alegría... sino miedo.


Miedo a los comentarios llenos de envidia.

Miedo a la soledad que trae el éxito.

Miedo al castigo emocional de brillar.

Llegué a sentir culpa por mis logros.

Culpa por ser vista.

Culpa por avanzar.

Y esa culpa silenciosa me robaba el gozo.


Pero entonces llegó FemPower y todo empezó a cambiar.

FemPower ha sido para mí la terapia más poderosa, más reveladora, más amorosa que he vivido. Fue como si alguien abriera una puerta secreta dentro de mí que yo ni siquiera sabía que existía.

FemPower no fue solo un grupo o un espacio. Fue y es un santuario emocional, un hogar de almas.

Allí encontré algo que durante años pensé que no existía: mujeres que se alegraban por otras mujeres. Mujeres que no competían, sino que se sostenían. Mujeres que no te exigían dureza, sino que celebraban tu ternura como un poder sagrado.


De la mano de Laura Suárez quien se convirtió en un faro cálido en mi vida, pude empezar a sanar. Ella me acompañó paso a paso. Me dio el soporte emocional que necesitaba para soltar, para sentir, para no esconder mi vulnerabilidad. Me ayudó a entender que llorar, abrirse, no me hace menos fuerte, al contrario: me hace más humana. Y ser humana es mi superpoder.

Ella me abrazó como una hermana amorosa, paciente, presente; me mostró que la vulnerabilidad no es una amenaza, sino una puerta hacia la autenticidad, que no tengo que esconder mis lágrimas para ser fuerte, que puedo ser ciencia, arte y amor al mismo tiempo.


A través de FemPower conocí a mujeres tan únicas, sabias y valientes, que me devolvieron la fe, me revitalizaron el alma, me recordaron que no soy rara por alegrarme de los logros de otras mujeres, que la sororidad real  existe, que es posible construir un espacio donde todas brillamos, sin competencia ni ego. Un lugar donde puedo ser yo, con toda mi luz, sin miedo a apagar la de nadie más, porque juntas somos una constelación.


En FemPower aprendí que sí existe un lugar donde el ego no domina, donde las mujeres no se apagan entre sí, donde lo femenino no se mutila ni se esconde, ni se castiga. Aquí, mi alma se reconfiguró.

La niña herida que fui encontró una tribu. Una tribu de mujeres dulces, poderosas, profundamente humanas.


Yo pensaba que estaba mal celebrar con el alma, me dolía ver cómo la competencia nos hacía desconfiar, esconder, disimular, pero FemPower me recordó algo que mi corazón ya sabía:

“Una mujer que brilla no apaga a otra, sino que la ilumina.”

FemPower me enseñó que lo femenino no se opone al poder.

Que no tengo que renunciar a mi sensibilidad para ser respetada. Que puedo ser ingeniera, soñadora, artista, astronauta... Y también mujer tierna, espiritual, amorosa.


Me dio hermanas que ni en mis mejores sueños habría podido imaginar.

Hoy quiero agradecer de lo más profundo de mi corazón a esas mujeres que hacen parte de mi revolución interna, que me sostienen, me inspiran, me hacen volver a mí: Laura Suarez, Elizabeth Rozo, Daniela Jaraba, Catherine Prisco, Ximena Cano, Mariana Arroyave, Juliana Toro, Tatiana Betancur, Estella Aristizábal, Alejandra Ramírez, Andrea Gómez y Moni Giraldo.


Gracias por abrazarme con su presencia, su apoyo, sus palabras. Gracias por mostrarme que cuando una mujer sana, todas sanamos un poquito, que cuando una se libera, muchas más se atreven a volar.


Gracias por recordarme que el amor entre mujeres sí existe.


Sin resentimientos.

Sin máscaras.

Sin competencias.

Solo amor.


Y quiero cerrar con una frase que hoy resuena en cada célula de mi ser:

"Ella está vestida de fuerza y dignidad, y se ríe sin temor al futuro." 

Así me siento ahora: fuerte, digna libre y agradecida.

Con una risa renovada que ya no nace del miedo, sino del amor.


FemPower ha sido para mí el abrazo más sincero del universo.

Y quiero que este texto sea también ese abrazo para ti, para cada mujer que aún duda de su valor.

Que aún teme mostrarse tal cual es.

Que aún piensa que para ser aceptada debe endurecer su ternura.


No estás sola.

No estás rota.

Estás renaciendo.


Y te aseguro algo, desde la experiencia más profunda de mi corazón: sí existe un lugar donde podemos brillar juntas sin que nadie tenga que apagarse.


Ese lugar, para mí, se llama FemPower.

Y es uno de los milagros más hermosos que me ha regalado la vida.

FemPower, las amo y cuentan conmigo!

Comentarios


bottom of page